Javier Díez Carmona: “La realidad no deja de darnos motivos para describirla de forma crítica”
El escritor bilbaíno ha regresado a las librerías con ‘La noche del Kaskarot’, una novela negra “algo más intimista” que las anteriores, “con diferentes límites geográficos y humanos”
‘La noche del Kaskarot’ llega tras una trilogía de novelas por tu parte muy bien recibidas. ¿Cómo nace esta nueva historia?
El punto de partida es uno de mis argumentos recurrentes. Desde la publicación de ‘E-King’, en todas mis novelas han aparecido, junto a otros, dos temas que, por desgracia, están muy presentes en nuestro día a día: la violencia contra la mujer y la discriminación del diferente. En mis libros anteriores me centro en la discriminación de quien procede del extranjero. En ésta quería hablar de la marginación del vasco por el vasco. Por eso he escogido a un colectivo que, junto a los agotes, ha sido históricamente discriminado: los kaskarots. También quería alejarme un poco del mundo policial, de las armas y tiroteos de la trilogía anterior, y hacer algo más intimista, si acaso el thriller intimista existe. Por eso me voy a un pueblo pequeño, a una trama de rencillas ancestrales, de odios entre vecinos, donde la policía aparece de forma muy residual. Aunque aparece, claro, porque hay muertos.
El título es muy evocador: ¿quién o qué es el Kaskarot?
Los kaskarots son un grupo de etnia gitana que se asentó en la costa del País Vasco Francés, en San Juan de Luz y Ziburu, a principios del siglo XVIII. Por aquel entonces, en Europa los gitanos eran un pueblo nómada, por eso fue, de alguna forma, extraño que estos decidieran instalarse allí, llenando el vacío dejado por los marineros y pescadores labortanos reclutados por la Armada. La población local les aceptó, pero con matices. Por ejemplo, no podían entrar en la iglesia por la puerta principal. Debían hacerlo por la lateral. Y en los cementerios ocupaban los nichos más alejados del cuerpo del templo. Este grupo, reconocible hasta la Segunda Guerra Mundial, terminó diluido con el resto de sus vecinos, y hoy no hay en Ziburu más rastro de los kaskarots que el baile que lleva su nombre. Pero a mí me resultaba interesante, de modo que me he llevado a una familia kaskarot hasta los Pirineos, cerca de la línea de la frontera, otro elemento central en la novela.
¿Consideras ‘La noche del Kaskarot’ una evolución en tu universo literario?
Supongo que sí. La trilogía ‘Justicia’ me ha mantenido varios años anclado en una geografía muy concreta, la de Bilbao y su entorno, y en unos personajes, en líneas generales, repetidos en cada uno de los libros. Por eso tenía ganas de salir de los límites de la ciudad y buscar espacios geográficos y humanos diferentes. Incluso inventármelos, ya que Sainte Agathe des Pyreneés, donde se desarrolla la novela, no existe. En este sentido, sí creo que ese universo ficticio en el que nos movemos quienes disfrutamos escribiendo es cada vez más amplio.
¿Qué esperas que se lleve el lector al cerrar ‘La noche del Kaskarot’?
Siempre me gusta dejar un poso en el lector. Busco que, tras unas cuantas horas por la geografía inventada de Sainte Agathe, tras la tensión y algún que otro susto, no quede solo el buen sabor de boca de haber pasado un rato entretenido. Espero que también permanezca algún tipo de reflexión sobre la discriminación y el maltrato, sobre su injusticia, sus efectos y consecuencias, tanto si se discrimina por etnia o por origen, como por sexo.
¿Qué autores tienes como referencia y cómo buscas la inspiración para tus libros?
Hay muchos autoras y autores a los que admiro y de quienes es posible que haya aprendido algo. Probablemente quien más me haya influido sea Stephen King. Durante mi adolescencia devoré sus novelas conforme se iban publicando, así que muchas de mis taras pueden proceder de ahí. También de Raymond Chandler o Henning Mankell, autores a quienes admiro y envidio a partes iguales. La inspiración para mis novelas es la propia realidad. Basta mirar alrededor para encontrar temas importantes que tratar y argumentos en abundancia para trabajarlos. Para mí, la novela negra es una forma de descripción crítica de la realidad. Y la realidad no deja de darnos motivos para describirla de forma crítica.
La ‘euskal noir’ está en un gran momento literario. ¿A qué crees que se debe?
Aunque es cierto que en el País Vasco, Navarra e Iparralde hay muchos aspectos que ayudan en la construcción de un thriller, algunos usados también de forma profusa en las novelas nórdicas, como el clima o la orografía, entiendo que su éxito se debe a la calidad de las autoras y autores englobados bajo ese sello. Los elementos característicos del ‘euskal noir’ no son especialmente originales (no suele hacerse ninguna referencia a la rica cultura euskaldun, y muy poco a nuestra violenta historia reciente), de modo que su importante difusión fuera de nuestras fronteras es consecuencia de la existencia de un grupo importante, y creciente, de autoras y autores publicando obras de mucha calidad.